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Inés Martin Rodrigo mentions me in “Alunizaje perfecto de la armada offbeat” which appeared in Spanish daily ABC on 26 March 2009:

“Alunizaje perfecto de la armada offbeat”
La generación literaria más transgresora de los últimos años acaba de aterrizar en España. Heidi James, Tony O’Neill y Gerry Feehily ejercen ya de abanderados con sus primeras novelas en castellano.

La generación offbeat no tiene reglas y tampoco desea tenerlas. Su desembarco en la industria editorial española, observado con curioso escepticismo (por no decir morbo inquisitivo) desde las alturas literarias, desencadenó una extraña metamorfosis en la que ellos, potenciales alienígenas de la narrativa, se convirtieron en maestros del lenguaje y dejaron su nave espacial aparcada en el bar de la esquina, donde todos terminamos parando.

Heidi James, una joven escritora británica con pinta menuda y una extraordinaria lucidez en la oratoria, ha tenido el excelso honor de abanderar en España el aterrizaje (no forzoso) de una generación que, curiosamente, reniega del sistema al que tanto ha enseñado durante estos escasos días de lecturas y conversación.

Ha recalado en Madrid para presentar su primera novela en castellano, «Carbono» (Ed. El Tercer Nombre), el relato de un personaje que, en palabras de la propia Heidi, «está roto y por eso tiene una sexualidad subversiva, es como el síntoma de una enfermedad». La autora offbeat confiesa que su objetivo era «crear un personaje que se disolviera, que estuviera rompiéndose en pedazos y completamente inmoral». Objetivo alcanzado, pues la lectura de «Carbono» resulta tan explícitamente dolorosa como vehemente para comprender la posición de la mujer en la actual sociedad.

Ausencia de voces femeninas

Una mujer que, para nostalgia (y sucinto cabreo) de Heidi James (feminista confesa y practicante), prácticamente no existe en la generación offbeat salvo en el caso de la propia Heidi y de Adelle Stripe (fundadora del grupo poético «The Brutalists» junto a Ben Myers y Tony O’Neill). No obstante, tras enamorarse de las palabras al escuchar con tres añitos una conversación en la «habitación (nunca) propia» de su abuela y su madre, Heidi decidió dedicarse en cuerpo y sobre todo alma a la escritura.

«Crecí leyendo a Lynn Tillman, Clarice Lispector, Marie Darrieusecq, Angela Carter o Virginia Woolf. Siempre intento comunicar el realismo subjetivo de mis personajes, desestabilizar las modalidades que existen a nivel social, explorar diferentes modos de ser». Exploración que siempre lleva a cabo, con metódica y obsesiva obediencia, entre las nueve y media de la mañana y las cuatro de la tarde, aunque estos días haya visto agradablemente interrumpida su actividad para darnos a conocer «Carbono».
En este paseo literario por nuestro país Heidi James ha ido de la mano de Gerry Feehily, un reciente descubrimiento offbeat de Andrew Gallix (editor de «3:AM Magazine») en Francia cuya primera novela en castellano, «Fiebre», pronto veremos publicada. Sabemos a lo que han venido: «Queremos derribar las barreras que hoy en día existen en el mundo literario y examinar la vida en todas sus formas, lo que significa ser humano. La literatura de masas es decadente e inmmoral, también la española». Y, a juzgar por las señales, lo van a conseguir.

Las señales adecuadas

Una señales que han llegado a oídos de gente tan poco relacionada con la cultura de masas como Matt Elliott (está estos días en nuestro país presentando su último trabajo, «Howling Songs»), Nacho Vegas (recien llegado del «South by South West Festival» tejano), Rafa Cortés (en un break neoyorquino) o el mismísimo José Luis Cuerda. Ellos no fueron los únicos en seguir con atención los primeros pasos de la generación offbeat en España, pues una nutrida legión de no alienados fanáticos de la literatura de calidad escucharon con atención sus palabras, performances y lecturas en Madrid. Todo ello amenizado con música de raíz offbetiana como Primal Scream, The Brian Jonestown Massacre, los Ramones, My Bloody Valentine o The Velvet Underground.

Frescos, demoledores, ofensivos, renovadores, ambiciosos, desaprensivos, sin prejuicios, talentosos, genuinos y enganchados a la más adictiva de las drogas: la literatura. Así es la generación offbeat, privilegiados yonquis de la literatura sin pelos en la lengua. En España hemos sido testigos del aterrizaje de la primera hornada, pero el terremoto offbeat está por llegar.

¿Qué piensan de España el resto de offbeat?

Lee Rourke: «Los offbeats son una masa reaccionaria de disidentes literarios que simplemente quieren escuchar una nueva voz; nos hemos desarrollado, poco a poco, con nuestras propias condiciones y nunca nos hemos plegado a las demandas de los grandes conglomerados (no nos importa lo que piensen acerca de quiénes somos o lo que hacemos). Esto es un nuevo paso hacia adelante, un nuevo rumbo gracias al cual en España podréis descubrir a algunos de los escritores más apasionantes de nuestra generación».

Tao Lin: «Me encanta formar parte de la generación offbeat y estoy muy orgulloso y nervioso ante la posibilidad de que los offbeat empecemos a publicar en España».

Adelle Stripe: «Es maravilloso saber que los offbeat finalmente van a publicar en España. Siempre he pensado que existe un público objetivo para nuestra literatura en otros países y para alguien como Heidi James, una escritora a la que respeto muchísimo, es una oportunidad única a nivel internacional. Espero también que esto anime a otros offbeat españoles a escribirnos en respuesta. Sería un placer que nuestra literatura se leyese, digiriese y regresase a nosotros con pasión y firmeza».

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Inés Martin Rodrigo has published an in-depth article on the Offbeats in top Spanish daily ABC in which I — “el Rimbaud de la Red”! — am quoted at length:

Inés Martin Rodrigo, “‘Se lo que sea, estoy contra ello,” ABC 16 February 2009

Es el lema de un nuevo grupo de escritores anglosajones con sede en Internet que está revolucionando la industria editorial. No tienen reglas ni manifiestos, pero la Generación Offbeat reclama su lugar en la escena literaria

La industria editorial es aburrida, está embotada y estreñida, desprende un cierto tufillo rancio y amenaza con eliminar todo fragmento de imaginación que aún quede en la mente del lector menos conformista. No es una sentencia categórica de un crítico cabreado con el ultimo best seller que ha llegado a sus manos, ni siquiera la reflexión concienzuda de un intelectual con complejo de Nostradamus. Es el pensamiento y la bandera literario revolucionaria de un nuevo grupo de escritores con sede en la Web y que se (auto)definen como Generación Offbeat.

Qué menos se podía esperar de los potenciales sucesores de Charles Bukowski, Allen Ginsberg, Jack Kerouac, William S. Burroughs y compañía. Autores todos ellos enraizados en la libertad y el compromiso con ser fiel a uno mismo, filosofía de la que dieron buena cuenta en sus años de lucha literaria con las armas de las que disponían. Las armas de la razón hecha palabra y empleada en defensa de la paz, en contra de la Guerra de Vietnam o como sagaz discurso contra el recalcitrante conformismo de la sociedad de la época.

Una generación pegada a los libros

Los años han transcurrido y el discurso se ha transformado, al igual que las armas para evocarlo y defenderlo. Pero la raíz prendió con fuerza en una generación de jóvenes que creció leyendo el “Junky” de Burroughs, “uno de los mayores trabajos literarios sobre el mundo de la droga, al lograr algo que muchos libros que le siguieron fueron incapaces: habló del modo de vivir de un drogadicto”, en palabras de Tony O’Neill, escritor offbeat por excelencia. Y es que Burroughs describió el oscuro laberinto de la drogadicción sin ejercer de falso predicador para el lector, sin miedo a llamar a cada cosa por su nombre. Porque, le pese a quien le pese, un heroinómano no será nunca un pervertido al que adoctrinar. Así, llamando a las cosas por su nombre y leyendo, sobre todo leyendo, empapándose de los popes del movimiento beat fue como este grupo de autores fue regando su propio discurso.

Un discurso que se vertebra en un nuevo y excitante trabajo de ficción, que corre riesgos y que, cada vez con más intensidad, empieza a generar demanda en cuantos lectores se topan con él casi sin pretenderlo. Y es que, demasiado ácidos, diferentes y afilados para la industria editorial tradicional, la generación offbeat se esconde (de momento, aunque cada vez menos) en los amplios (y libres) márgenes de la Web y en alguna que otra editorial independiente.

El origen del movimiento

El primero en usar el término offbeat (y por tanto quien lo acuñó) fue Andrew Gallix, redactor jefe y responsable de la revista literaria online 3:AM Magazine (puestos a hacer comparaciones, valdría decir que sería algo así como el New Yorker de los offbeats). De eso hace ya casi tres años aunque, como el propio Andrew reconoce, “el movimiento llevaba bastante tiempo emergiendo. Es un poco lo que pasó con el punk o los nuevos románticos, al principio no tenían nombre por lo que mucha gente desconocía su existencia”.

Un desconocimiento que se fue disipando a medida que los grupos fueron proliferando en el ciberespacio. Eran escritores, guionistas, periodistas, bloggers, artistas… con un interés común por la literatura pura (sin artificios), que empezaron a gravitar alrededor de 3:AM y a organizar lecturas, conciertos e incluso festivales. “Fue en esos eventos donde comenzaron a establecerse las relaciones –explica Gallix-. La primera vez que fui consciente de que había aparecido un nuevo movimiento fue en el baño de Filthy Macnasty’s (uno de los pubs londinenses preferidos por Pete Doherty), cuando Lee Rourke (escritor y a la postre integrante de la Generación Offbeat) se abalanzó sobre mi y empezó a hablar de la enorme revolución literaria que habíamos iniciado. Aquello fue realmente el comienzo de todo”.

Un inicio virtualmente surrealista para un movimiento con integrantes de carne y hueso. Son muchos los offbeats que, incluso sin saberlo, engrosan la lista de esta generación pero, si hubiera que etiquetar al movimiento como tal cabría decir que se caracteriza por la variedad de voces y estilos y la ausencia de reglas (aquí no hay manifiestos). “A pesar de la diversidad, muchos escritores offbeat comparten características. La mayoría son británicos, treintañeros y creen que la escritura es mucho más que un mero entretenimiento”, enfatiza Gallix. Y sienten la música como elemento catalizador y de equilibrio.

Una lista repleta de talento

La lista es interminable y suena francamente bien. Noah Cicero (novelista estadounidense a medio camino entre Samuel Beckett y The Clash), Ben Myers (autor inglés mezcla de Richard Brautigan con Lester Bangs), Adelle Stripe (poeta londinense heredera del cinematográfico “realismo de fregadero” de Sidney Lumet), el propio Andrew Gallix (el Rimbaud de la Red), Tom McCarthy (novelista estadounidense afanado en la deconstrucción de una nueva idea de novela), HP Tinker (joven inglés al que comparan con Pynchon y Barthelme), Tao Lin (el aventajado protegido de Miranda July –a quien pronto veremos publicada en nuestro país gracias a Seix Barral-, con todo lo que eso supone hoy en día) y los primeros (parece que las grandes editoriales empiezan a tomar apuntes) que aterrizarán en España: Chris Killen, cuya novela “The Bird Room” será publicada este año por Alfabia, y Heidi James y Tony O’Neill, ambos con la editorial El Tercer Nombre.

Todos ellos influidos por el particular lirismo de Tom Waits, Lou Reed, Scott Walker o David Bowie, de la misma manera que estos sintieron la influencia de los autores de los que la Generación Offbeat es heredera. Aunque también están los que prefieren huir de las comparaciones. Tal es el caso de Heidi James, para quien la comparación es un poco “perezosa, basada en el hecho de que evitamos formar parte de la corriente principal”. Esta joven autora británica, que en marzo publicará su primera novela en España (“Carbono”, Ed. El Tercer Nombre) y que se confiesa fascinada por Lynne Tillman, Clarice Lispector, Marie Darrieussecq, Angela Carter o Virginia Woolf, es dueña de su propia editorial en Reino Unido, Social Disease. Con ella, que debe su nombre a la famosa frase de Andy Warhol -“Tengo una enfermedad social. Tengo que salir todas las noches”-, Heidi se ha convertido en uno de los estandartes de la Generación Offbeat al publicar “literatura única y genuina al margen de su valor en el mercado”.

Un movimiento coordinado

La propia Heidi James, en una prueba evidente de que el movimiento está coordinado y sabe hacia dónde se dirige, ha publicado en Reino Unido a autores como HP Tinker o Lee Rourke pero, sobre todo, a Tony O’Neill, el máximo exponente de los offbeats. Este joven neoyorquino, devoto de Bukowski, responsable de una prosa brutalmente descarnada, ex heroinómano, miembro de bandas como The Brian Jonestown Massacre, ha publicado ya cuatro novelas (la última, “Colgados en Murder Mile”, llegará a España en primavera) y se erige en líder (sin pretenderlo) del movimiento con ansias de seguir reclutando adeptos.

Como su propio nombre (offbeat) indica, una generación extraña e inusual de escritores, para los que la Red es su campo de acción, con espíritu punk y ganas de comerse la industria literaria tal y como ahora está concebida. El mundo anglosajón ya ha sido testigo de los primeros bocados. En España está al caer, ¡y ni siquiera es una generación! Que tiemble Zafón.